PLEGARIA DEL CARDENAL MERCIER
Os voy a revelar un secreto de santidad y de felicidad. Si dejáis descansar todos los días vuestra imaginación durante cinco minutos, cerráis los ojos a todas las coas de los sentidos y los oídos a todos los ruidos de la tierra, de manera que seáis capaces de retiraros al santuario de vuestra alma bautizada que es templo del Espíritu Santo, y hablando al Santo Espíritu le decís:
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Espíritu Santo, alma de mi alma
Te adoro, ilumíname, guíame,
Fortaléceme y consuélame.
Dime todo lo que he de hacer
Y mándame hacerlo.
Te prometo someterme
a todo lo que me pidas
y aceptar todo lo que permitas
que me suceda.
¡Indícame solamente cuál es tu voluntad!
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Vuestra vida transcurrirá alegre y serena, abundará el consuelo aun en medio de las tribulaciones, pues la gracia se os concederá en proporción a las pruebas junto a la fuerza para soportarlas, conduciéndoos asta las puertas del Paraíso, llenos de merecimientos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad.
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Para ti:
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Los que se aman unen sus voluntades libre y voluntariamente; dependen el uno del otro, y cuanto más unidos y dependientes, más felices están y más libres son.
Sólo el amor puede reducir la contradicción que existe entre dos libertades; solamente el amor permite que dos libertades se unan libremente.
Amar es perder libremente la voluntad, pero esta pérdida es ganancia, pues me da al Otro y me entrega al Otro. Amar a Dios es perderse para encontrar y poseer a Dios y, a fin de cuentas, encontrarse con uno mismo en Él.
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Quen encuentre su vida, la perderá;
pero quien pierda su vida por mi, la encontrará.
(Mt 10, 39)
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