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Anhelo poder eXpresSaRme en el arte como los demás, pero yo no entiendo ese tipo de cosas. Mi amor yo lo expreso con mi vida, con las letras en mi voz, las palabras en mi mirada, los versos de mis manos y los poemas que formo en tu piel.
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Si fuera arte tocaría como Vivaldi tratando de recitarte el invierno, sería la expresión del rostro de María en la Piedad, pues como dijo sabiamente Miguel Ángel: “El amor no envejece”. Si fuera arte sería el ocaso de la Noria, bizarro, dominante, eterno, con un rojo intenso que lo cubre todo, incluso el alma. Si, más bien sería como un atardecer, pues mi amor por ti lo ha pintado el mismo artista.
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Si yo intentara comparar la obra que Él ha hecho para ti y para mí, con otras de sus obras, pensaría en las orquídeas, por su complejidad, su diversidad, las variaciones es sus aromas, desde el delicado aroma de Cattleya hasta el repulsivo y casi insoportable hedor de ciertas especies de Bulbophyllum.
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Pensaría en la primavera, por el esparcimiento, la alegría, la brisa, el calor tenue y abrigador, los miles de colores y fragancias y la risa de los niños jugando. Pero sin duda alguna terminaría en el otoño, pues cada beso produce un estado sigiloso, cálido, hipnótico.
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Pensaría en un bosque recién bañado por la lluvia con el olor esencial de la tierra mojada, pero además, en el fondo, un suave olor al aceite de los pinos. Contemplaría lo que siento con la altura imperiosa de los pinos, con su glamur y perfecta armonía; recordaría la antigüedad de mi sentir con la edad del lugar y brindaría con el mejor vino. A vino me saben tus besos, embriagas mi alma.
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Pensaría en el cielo, obra de sus dedos. Etéreo, perfecto, cautivador, a la vista de todos pero inalcanzable. Sin orden ni lógica en realidad. Divino.
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Lo expresaría con el agua que corre en un río, audaz, imprudente, sin preocupación alguna, en libertad, en armonía, en sinfonía, sin pertenecer a nadie ni a ningún lugar, cambiando el ritmo impredeciblemente.
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Pero todo pierde sentido, entro en delirio de tanto querer descifrar. Descanso al reconocer al mismo artista, su imagen, su semejanza. Siento paz, huele a eternidad, me miro como un lienzo roto luciendo una gran obra. Somos vasijas de barro, contenedores de la gracia de Dios.
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